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Alba Benítez, fundadora de SimiperroHABLARA, ha escrito un artículo que se aleja completamente de lo que suelo compartir en relación a educación/salud canina pero que realmente ha hecho que se me encienda no una sino un millón de bombillas, no sólo porque el contenido es, para mí, toda una revelación, sino porque es algo que me resulta extrañamente cercano.

 

 

Charles Figley fue quien puso nombre, en 1995, a un mal que afecta significativamente a todos aquellos que trabajan en el cuidado de otros,  intentando mejorar su futuro, viviendo en primera persona su sufrimiento durante el proceso.

Éste fue acuñado como "Compassion Fatigue" (Fatiga por Compasión o Desgaste por Empatía). Es un concepto dentro de la Psicotraumatología asociado con el "coste" de cuidar de otros que padecen sufrimiento físico o emocional y se considera una forma de estrés traumático secundaria.

 

La compasión es definida como un sentimiento de profunda empatía y pena por otro que está sufriendo, acompañado por un fuerte deseo de aliviarle el dolor o resolverle sus problemas. El sentimiento de empatía y compasión está en el centro mismo de nuestra capacidad para realizar el trabajo y al mismo tiempo en nuestra capacidad para ser lastimados por él.

 

Aunque también se da entre los profesionales de la salud humana, es más acusado si cabe entre aquellos que trabajan en y por el bienestar de otros animales, ya sean veterinarios, etólogos, educadores, voluntarios o simplemente personas implicadas o relacionadas con el perros, gatos, etc, aquellos cuya empatía e implicación suelen hacer que sean más capaces y, al mismo tiempo, mucho más propensos a sufrir este tipo de trastornos.

Este tipo de personas son más proclives a sufrir fatiga por compasión al no existir una vía de comunicación directa con aquellos a su cuidado (A un humano puedes explicarle cuál es su situación y cómo hay que actuar para ponerle remedio ¿Cómo hacer eso con un perro o un gato?), estar en muchas ocasiones obligados a lidiar con otros "humanos" que no tienen las mismas prioridades en relación al bienestar (Propietarios irresponsables, organismos que sólo velan por sus intereses... ) y en otros simplemente por compartir con pacientes y propietarios el dolor y preocupación de la situación que están atravesando.

 

 

 

Todos ellos son (somos) grupos de riesgo cuando hablamos de Fatiga por Compasión porque nuestra propia capacidad de compasión y empatía está en el centro mismo de la capacidad para llevar a cabo nuestro trabajo.

 

 

El burn-out (estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por involucrarse en situaciones emocionalmente demandantes durante un tiempo prolongado), es un proceso progresivo más que un estado que afecta negativamente la resiliencia (capacidad para recuperarse de situaciones adversas) pudiendo llegar a una fase crónica. Éste último puede hacernos más susceptibles de sufrir fatiga por compasión que, por el contrario, es un estado de aparición abrupta y aguda, avisándonos imperativamente que hay que realizar cambios importantes cuanto antes.

 

Los signos clínicos más comunes de la Fatiga por compasión se engloban en tres grupos cuyos síntomas coinciden con los del estrés post-traumático.

  1. Re-experimentación (revivir, recordar constantemente situaciones dolorosas con una gran carga emocional)
  2. Actitudes de distanciamiento y embotamiento psíquico
  3. Hiper-activación (arousal): estado de tensión o alerta permanente, y reactividad.
Este mal silencioso puede llevar a la depresión y el pasado Septiembre se cobró la vida de la doctora Sophia Yin, una de las grandes profesionales en el ámbito del comportamiento canino de nuestro tiempo, que se quitó la vida a los 48 años, en uno de los puntos álgidos de su carrera, pillando por sorpresa al mundo y abriéndonos los ojos sobre la importancia de este mal. De hecho, observando diferentes estudios realizados en  EEUU o Reino unido, los veterinarios y trabajadores de refugios de animales tenían la tasa de suicidio más alta (llegando al cuádruple) en comparación con trabajadores de otros colectivos profesionales.
 
 

 

Los que me conocen, a estas alturas ya habrán atado cabos y sabrán por qué he sentido la necesidad de publicar esto :guiño:

 

 

http://simiperrohablara.com/2015/04/29/fatiga-por-compasion-desgaste-por-empatia-burnout/

http://mys.matriz.net/mys17/17_5.htm

pacoeloyo, Pepegnu, eMix y 1 otro le gusta esto

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Gracias, es interesante, a mi me pasaba con mi gata, hasta que comprendí que si yo caía enfermo o tenía hambre ella no iba a ser de gran ayuda y es más posiblemente una molestia. Pues bueno, imaginando esta posible situación perdí la empatía con ella, ahora solo le echo de comer porque es una PESADA. Y no la abandono en una carretera porque adorna mi cama junto al cojín de pikachu.

Editado por Pepegnu

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Los tres síntomas de la fatiga por compasión me huelen a comportamiento obsesivo. Y ahora, ¿qué hacemos? Si empezamos a cuidar de más animales empeoraremos el problema. Si nos desentendemos, el problema será mayor.

 

Dicen que conocer el origen del problema es parte de la solucioón. Me alegro de que así parezca en este caso. Aunque las muestras que adjuntas de personas con ese exceso de empatía no me parecen ejemplos a seguir (el caso de la señora Yin no me hace mucha gracia y el de esa legión de amantes de los animales a los que parece que les aguarda el mismo fin tampoco). Pasar de una «sana» preocupación y dedicación a una «poco sana» autodestrucción irreversible no me parece un óptimo deseable.

 

Comunicarnos es difícil y bastante frustrante sabiendo que nuestros mensajes, sobre todo verbales, son absolutamente incomprendidos. A la inversa debe ser aún más desconcertante. Los animales parecen reaccionar a los estímulos que les rodean también con cierta empatía. Ellos tienen otra forma de relacionarse con el medio y parecen depender de otras señales para «comprender» el mundo. Además, si están sometidos a otros estímulos interiores bastante negativos (dolor, apatía, desgana...) y perciben estímulos similares exteriores, es posible que se sientan en algún momento algo desconcertados.

 

Si conocemos el origen del problema y nosotros somos parte de la solución quizá debamos eliminar esa parte autodestructiva para solucionarlo... o para poder motivarnos. Y si no queda más remedio, pues habrá que ignorar nuestros sentimientos (incluido el de impotencia) aunque tengamos la certeza de que eso no curará... pero puede que sirva para aliviar la tensión.

 

Habrá días mejores y peores. Pero no hagamos bueno el dicho ese de que "cada uno construye el infierno en que desa vivir".

 

 

Hala, pues ya lo he soltado   :happy:

pacoeloyo y Shiba87 le gusta esto

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Vamos a ver... que no nos estamos entendiendo :P

 

Los tres "síntomas", como dice arriba, coinciden con los que serían propios del estrés postraumático. No es obsesión sino más bien depresión o, como su propio nombre indica, fatiga emocional.

Para ser un profesional que trabaja en favor del bienestar de otros es necesaria la empatía sí o sí y en casos donde la comunicación es un obstáculo más aún. No puede existir un buen profesional de la educación canina, como es el caso de la doctora Yin, que no pueda "conectar" con un perro, porque esa es precisamente la clave de su trabajo.

 

El desgaste por compasión es una patología. De la misma manera que alguien que está bajo un situación prolongada de estrés acaba "quemándose" (burnout), alguien muy empático es más propenso a sufrir fatiga por compasión y si es alguien empático que además está "quemado", las probabilidades aumentan de manera astronómica.

pacoeloyo le gusta esto

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No se no se...no estoy de acuerdo en todo con Yin entre otras cosas porque la psicología y la psiquiatría no son ciencias. Creo que cada persona es diferente y que todos no pueden hacer el mismo trabajo con la misma eficacia, así que ... en fin, media jornada y otro trabajo que se le de mejor es lo que yo recomendaría a esta señora.

 

Editado por Pepegnu

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