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  1. Lo siento, pero conforme me adentro en los entresijos del mundo de la educación canina parece que más malos ejemplos me encuentro y, tras ellos, mucha gente que por ignorancia, a veces por puro ego y otras simplemente maldad, tratan a sus mascotas como si fueran sacos de boxeo y no como lo que son. Eso es algo que personalmente me saca de mis casillas y ya que no puedo cambiar la mente de todas esas personas, al menos toca intentar hacer llegar el mensaje a todos los que pueda y así poner mi grano de arena para hacer que poco a poco avancemos en lo que a educación canina se refiere. Y es que hoy trataremos un tema que a los seres humanos nos encanta, pero curiosamente sólo nos gusta cuando somos nosotros los que lo infligimos. En esta ocasión toca CASTIGO Les dejo para empezar la versión resumida. Así el que no quiera leer tanto texto no se irá sin escuchar el mensaje y luego seguiré con un texto un poco más duro de lo habitual, pero es que me está costando dejar la subjetividad a un lado para centrarme en lo que quiero decir. Es verdaderamente curioso cómo viviendo en la era de la información, de los avances tecnológicos, de la globalización, sigamos manteniendo vivos los mismos tópicos, los mitos y las tradiciones absurdas de toda la vida. Y no sólo curioso es que los tópicos se mantengan sino que llegamos a crear algunos nuevos sólo para desechar los avances y seguir aferrándonos a "lo que se ha hecho/dicho siempre". Aquí llegamos a lo que se ha convertido en una moda para los fervientes defensores de los métodos punitivos y es algo que usan casi como su segundo comodín, pues el primero sería la dominancia y de ese ya hemos hablado largo y tendido. Supongo que habrán escuchado a alguien decir alguna vez que somos unos inconscientes porque "humanizamos a los perros". Esta inocente frase, que en un principio se utilizaba para hacer notar que no debemos tratar a nuestras mascotas como niños, pues no tienen las mismas necesidades y tampoco entienden las cosas como nosotros, se ha convertido en la excusa perfecta para maltratar física y psicológicamente a nuestras mascotas porque, como no son humanos y no los podemos tratar como tal, los tratamos, nunca mejor dicho, como perros. Irónicamente, tras esa "no humanización" de los perros viene el castigo, una de las formas favoritas de """educación""" utilizadas en exclusiva por los seres humanos. Como ya dije en una ocasión, es muy humano disfrutar aplicando un castigo, una droga que nos impulsa a tratar mal a los demás, nos hace sentir poderosos, no permite descargar nuestras frustraciones, hace subir nuestra autoestima... y que muy rara vez produce los resultados esperados. Pero a pesar de que sabemos que es así, seguimos erre que erre aplicando castigos y olvidándonos de lo más importante, la educación. Y ya si hablamos de las últimas tendencias, del "sé líder y domina a tu perro", apaga y vámonos Lo cierto es, y no se sorprendan por lo que voy a decir, que es IMPOSIBLE imponer o aplicar un castigo correctamente. Podemos intentarlo un millón de veces y nunca conseguiremos hacerlo bien. ¿Por qué no es posible aplicar correctamente un castigo? En primer lugar para que un castigo sea efectivo como tal debe ser inmediato, tiene que llevarse a cabo en el preciso instante que sucede la acción que queremos "corregir", no antes, ni después. De lo contrario el individuo no podrá relacionar directamente la acción con las consecuencias de la misma. Todo castigo debe ser justo, las consecuencias son directamente proporcionales a la acción a corregir. Si nos extralimitamos o nos reprimimos, no estaremos aplicando un castigo adecuado y es extremadamente difícil acertar en este sentido. El castigo debe ser consecuente, no vale con castigar una única acción. Hay que intervenir todas y cada una de las veces que se produzca el comportamiento indeseado. Algo verdaderamente complicado a menos que seamos omnipresentes. ¿Somos capaces de cumplir estos tres simples requisitos?¿Podemos estar siempre presentes para aplicar el correctivo correcto en el momento justo todas las veces que ocurre lo que queremos corregir? Como ya he dicho la respuesta es simple. NO Sin embargo lo hacemos, llegando a casos extremos en los que la obsesión por corregir lo que no queremos (Menudo ego desmedido el nuestro) nos pasamos todo el tiempo esperando a que el perro haga algo mal para castigarlo, llegando incluso a incitarlo si hace falta. Y se ven mucho dueños así, gente que va por la calle con un "Shhh, shhh, shhh" en la boca todo el tiempo que parece se van a desinflar, los típicos "No, no, no" acompañados de manotazos y patadas que salen por la tele, las escenas con gritos y reprimendas sin sentido en las que el perro no entiende una p** a mierda (con perdón) pero tras las cuales los dueños parecen quedarse muy a gusto. ¿Qué conseguimos con todo esto? Debemos entender que los castigos se basan en el miedo, el dolor y la evitación a estos. Se trata de inhibir una acción o comportamiento, de conseguir que el individuo al que aplicamos el correctivo tenga tanto miedo a las consecuencias que no lo haga. Eso no es enseñar, no estamos transmitiendo ningún conocimiento, no creamos nuevos patrones de comportamiento, simplemente estamos poniendo un límite artificial, un mal parche. En cuanto el castigo o la fuente de este desaparezcan o sean inferiores al estímulo que provoca el comportamiento indeseado, lo más probable es que éste vuelva a suceder igual o, probablemente, peor que antes. En este sentido debemos saber que un castigo mal aplicado (Todos) pueden ser un refuerzo para la acción que queremos corregir. Un ejemplo claro de esto son los casos en los que se trata de modo agresivo los casos de agresividad. ¿Qué conseguimos castigamos de manera contundente con un perro que se muestra agresivo? Pues que nos ataque, que es justo lo que queremos evitar. Y en ocasiones posteriores el perro será aún más agresivo porque anticipará nuestro ataque, entonces el castigo será más fuerte y será el cuento de nunca acabar. Este mismo ejemplo se ve con perros que no paran de ladrar. En este caso el perro ladra, el dueño le grita para que se calle, entonces el perro ladra más y el dueño grita más y no hay quien rompa ese círculo vicioso. Otra cuestión importante es que los perros, al no poder asociar el castigo a la acción que lo desencadena se centran en el único elemento común a todos ellos, TÚ. El dueño está presente en todos los castigos Por tanto, si el dueño no está no hay castigo y como no hay castigo no hay razón para portarse "bien" Y sí, si en alguna ocasión hemos pensado que parece que nuestro perro espera que nos demos la vuelta para hacer algo malo, es que efectivamente es así. Pero hay que puntualizar una cosa, el perro no está haciendo algo malo, porque en ningún momento le hemos enseñado, sólo castigado. Él no sabe que eso es malo, sólo que si nosotros estamos delante corre el riesgo de ser castigado ¿Por qué? Ni la más remota idea, pero por si acaso mejor no hace nada cuando lo miras. Esto último que he mencionado es un punto clave. De la misma manera que el perro es reacio e efectuar según qué comportamientos por miedo al castigo, este miedo también estará presente cuando tratemos de enseñarle (enseñar de verdad) algo nuevo. Por que no sabe qué le puede reportar ese nuevo comportamiento y, en caso de duda, mejor no arriesgarse a ser castigado de nuevo. Esta reticencia totalmente justificada a aprender cosas nuevas, por desgracia, posiblemente acabe con más castigos. Esto puede agravarse tanto que el perro llega a inhibir las conductas más propias de un perro incluyendo sus protocolos de comunicación, deteriorando las interacciones de éste con los humanos y con otros perros, derivando en miedo y ansiedad y esto es algo que puede volverse muy peligroso. Un ejemplo, basado en una experiencia reciente que tuve con una "experta" está relacionada con el gruñido. El gruñido es una valiosa herramienta de comunicación, puede tener múltiple significados y, aunque seamos tan ingenuos de pensar lo contrario, resuelve de manera pacífica muchísimos conflictos entre ellos ¿Para qué matarnos cuando basta un simple gruñido?. Pues bien, el caso va sobre un perro gruñón. Por supuesto, en lugar de intentar averiguar el por qué de ese comportamiento se recurrió al castigo para evitarlo. Tras un buen número de golpes correctivos (doy fe que con saña) se consiguió, efectivamente, inhibir este comportamiento. ¡Muy bien!¡Felicidades! hemos "enseñado" al perro a no gruñir. ¿Cual es el problema? En esta situación tenemos un estímulo, lo que tanto molestaba al perro (fuera lo que fuera), al que le seguía el gruñido (protocolo de comunicación /aviso) y la acción final resultante en caso de que el aviso no fuera suficiente, que es ni más ni menos que pasar al ataque. Con los castigos esta secuencia fue modificada, después del estímulo ya no hay protocolo de comunicación, así que, tras el estímulo desencadenante, tendremos un ataque directo sin ningún aviso. A base de golpes hemos corregido una conducta en principio inocua para convertir un perro gruñón en un peligro en potencia. Repito ¡Felicidades!¡Muy buen trabajo! Ahora toca un castigo aún peor para corregir este efecto secundario que no sabemos por qué se habrá producido ¿No es así? Así mismo, se crean asociaciones que pueden ir más allá, involucrando elementos del entorno, situaciones concretas, individuos... Llegando incluso a convertirse en algo generalizado: Y ahora mismo acabas de pensar en algún perro que conoces o viste alguna vez que muy probablemente pensaba así ¿O me equivoco? Por no mencionar lo más evidente que es que el castigo deja secuelas tanto físicas como psicológicas y en caso de excedernos podemos poner en grave riesgo la salud de nuestro perro. Aquí debemos hacer hincapié en uno de los mitos clásicos del mundo canino: "Mi perro sabe cuando ha hecho algo mal" ¿Cuántas veces hemos lo hemos oído o pensado?¿Qué hay de cierto en esto? Es una situación común. Llegamos a casa, nos acercamos al perro y notamos un comportamiento extraño en él, está esquivo, no se deja tocar, sale corriendo a esconderse, se va a "su sitio" sin decirle nada... e inmediatamente tenemos una revelación. A partir de ahí surgen las teorías, que mayormente apuntan a que el perro "sabe" perfectamente que ha hecho algo malo y él mismo se "castiga", tiene remordimientos, se arrepiente... Tras haber leído los párrafos anteriores tenemos muy claro que los perros NO entienden los castigos y, por tanto, estas afirmaciones no son posibles. Pero entonces ¿Por qué se comporta así mi perro? La respuesta a esto, lejos de ser tan prometedora como lo que argumenta el mito, es bastante desalentadora. El perro, efectivamente, hizo algo que nuestros cánones humanos consideran "malo". Él no entiende que eso está mal, por eso lo ha hecho sin más. Sin embargo, hay una cosa que sí entiende y ya la hemos dicho antes. Tú eres el elemento de castigo. El perro puede haber perpetrado su concienzudo acto de maldad hace horas, sin embargo sólo se ha sentido "culpable" cuando has llegado donde estaba él. Esto sólo nos demuestra una cosa y es que el perro tiene auténtico terror de lo que su dueño puede llegar a hacerle y sólo con vernos ejecuta una serie de maniobras desesperadas para apaciguar nuestra ira. ¿De verdad ésta es la forma en que queremos educar a nuestro perro?¿Rompiendo deliberadamente el vínculo afectivo que nos une a nuestro mejor amigo?¿Convirtiéndonos en su peor pesadilla? En esta ocasión no va a haber ningún consejo, ninguna conclusión. Si he escrito este tema es para reflexionar, para que cada uno llegue a la conclusión por sí mismo. Nuestros perros se desviven por nosotros ¿De verdad los estamos tratando como se merecen?
  2. Ésta es una de esas pocas veces que copio y pego algo tal cual, pero es que el post que nos ha dejado mcun es uno de esos casos en los que hay que hacer una excepción
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